Cambiar el miedo por confianza y volver a creer en nosotros

#Opinión #Pandemia #Verano2021 #Perú

Introducir el miedo como política tiene consecuencias en el comportamiento en el mediano plazo de la población. No soy experto en este tema, pero creo que podemos usar algo de sentido común para entender porque estuvo mal y está mal en este momento seguir atribuyendo en las personas la responsabilidad exclusiva de lo que pasa.

Somos un país golpeado por nuestra propia gente y autoridades: que no sabemos elegir, que somos corruptos, que somos iletrados, que somos lo peor, nos repiten constantemente. Nos desconsideran en tal medida que, cuando de controlar una pandemia se trata, con la necesidad desbordante en los estratos más bajos, tenemos hasta la culpa su agravamiento, solo porque salimos y trabajamos como pudimos para llevar comida para nuestra mesa o dinero para pagar nuestros servicios básicos, o también porque querer ver a nuestros seres queridos después de un año resulta una falta criminal de gente “irresponsable”. Cuando resistimos casi tres meses, no hubo ninguna palabra de aliento, cuando nos equivocamos una vez, o cuando salimos para respirar un poco de consuelo, nos sentenciaron y prejuzgaron.

Todo eso que nos han dicho cae a nuestra mente una y otra vez por cada contagio en la familia o en alguna persona que vimos en algún momento o en la TV cuando nos lo recuerda un presidente populista en conferencia de prensa nivel nacional y en señal abierta. “Somos responsables de todo”, “soy responsable del daño a mi familia”, “soy responsable de lo que les pasó”, etc. ¿Cómo esto nos afecta mentalmente? ¿Cuan cierto es esto? ¿Por qué damos por sentado que el gobierno, principalmente, o el Congreso hicieron lo posible por contener esta pandemia? ¿Por qué antes de ser críticos con nosotros mismos, no hacemos el esfuerzo por ver toda la cadena causal o al menos cuestionar el discurso oficial? El daño que nos hacemos a nuestra autoestima y confianza es incalculable. Hay incluso un margen de posibilidades en que la enfermedad que llega al hogar lo hace por cuestiones que quizás en el corto plazo no entenderemos.

¿Qué pasa luego que millones de personas están desmoralizadas y resquebrajadas emocionalmente? Es difícil mantener una conducta de cuidado todo el tiempo, cansa y cuesta mucho. Luego de varios meses, la resignación que se va viendo tiene sentido. Estamos en una segunda ola y hay poco margen ahora. No creemos en nosotros mismos. El miedo que nos podía detener de adoptar ciertas conductas, vive con nosotros de forma permanente, pero ya no suprime estos comportamientos de riesgo, frenó temporalmente algunas acciones pero debilitó tmb aquello que podía ayudarnos a persistir en ellas: la autoestima y la confianza.

Una campaña de miedo no debe ir sola, menos debe ser diseñada sin poder abordar las consecuencias de las falacias que se introducirán en mensajes a la población y que afectarán su autoestima y, posiblemente, su proclividad a adoptar las conductas deseadas.

Quizas sólo los mensajes claros y la información adecuada sean ese último bastión para esta fase final de la pandemia. Donde una decision dura no venga con mensajes de responsabilidad individual sino tmb de una colectiva, donde podamos empezar a salir de la crisis con esperanza y menos resignación, esa que hace que nos ocultemos o que el estigma de la enfermedad marque aquello que, en algunos es tan importante, la muerte. Tener también que explicar que hay márgenes de incertidumbre con los que habrá que vivir en los siguientes años me parece necesario, para que las personas dejen de añorar la normalidad del pasado y empiecen a rehacer sus vidas, construir nuevas metas y empezar a ejecutarlas desde ya.

Published by Carlos

Mi tiempo libre

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